1. En un supuesto 'ahora' que no es hoy, estaría caminando por CU rumbo al metro. Después de la clase de P. F. Chr. estaría con el ímpetu renovado para acelerar la velocidad de mis lecturas, estaría un poco más contento. Estaría, también, viendo caer la tarde y sintiendo el viento ligero que siempre antecede la sutil caída de la noche. Hoy habría comido con ellos, hace una semana como sin querer, rompimos nuestro pacto implícito y no hubo comida. Ahora no sé hasta cuando habrá de nuevo. Hoy apenas la casa y algunas lecturas. He empezado por fin Fado Alejandrino de Antonio Lobo Antunes. Leí algunos ensayos de Guy Davenport...
2. No sé por qué subo a la azotea para hablar por teléfono con M, con sorpresa me entero que se ha marchado a Querétaro. Estaba tomando un café con su mamá. La llamada fue breve pero me puso de buen humor. Después de eso, veo lo que puedo de la ciudad, las calles viven como si nada, o al menos eso reflejan las construcciones sombrías; normalidad, en eso quiero creer. Veo apenas tres personas, las tres con cubrebocas. Sigo mirando...
3. Hace un rato hable con V. ayer soñé con ella, no recuerdo que pasaba en el sueño. Hablamos, primero del tema 'trivial' después los temas fueron sucediendo, hicimos planes para ese futuro que por hoy se ve distante, no obstante mientras lo nombramos, lo sentí real, posible. La vida se ha tranquilizado de nuevo.
lunes, 27 de abril de 2009
miércoles, 22 de abril de 2009
guardo el viento en esta nota
Aquí adentro -¿afuera?- en una de la terrazas de la Vasconcelos, leo los Diarios Indios de Chantal Maillard. Surge, entonces, la frase: "la mirada que se desborda..." y como gesto natural alzo la vista y la dejo expanderse al tamaño de la tarde, tarde nublada por cierto, que deja entrever una ligera lluvia. Me pregunto; ¿Acaso veo las gotas, o es tan solo el sonido inconfundible de la lluvia el que me hace sentir, que las veo?
Siento, tambien una ligera corriente de aire que enreda un poco mi cabello, ahora una corriente más intensa alebresta las notas que voy escribiendo conforme leo. Aun tengo que ir a clase de Ingles, la tarde no obstante se siente intensa, no hay cansancio. El viento se ha llevado ya un poco de mí; quedo un poco más ligero.
Siento, tambien una ligera corriente de aire que enreda un poco mi cabello, ahora una corriente más intensa alebresta las notas que voy escribiendo conforme leo. Aun tengo que ir a clase de Ingles, la tarde no obstante se siente intensa, no hay cansancio. El viento se ha llevado ya un poco de mí; quedo un poco más ligero.
domingo, 19 de abril de 2009
Ha sido un fin de semana nublado, me he quedado casi todo el tiempo en casa. Apenas y he notado la vida - la de afuera- cuando salí por jugo y un poco de pan. Soy ajeno a la colonia donde vivo. Me he dejado succionar por un nada que cada vez me cuesta más trabajo. Ayer, todo el día, viendo Six feet under, no puedo dejar de verla y conmoverme. Tambien me hace enfadar y me entristece; querer decir y no poder, querer estar y no poder estar, querer vivir y tampoco poder.
Hoy he leído un poco de Adam Zagajewsky, su hermoso libro En la belleza ajena. Estoy a punto de terminarlo. He intentado escribir y no he podido. Parece que de nuevo voy cayendo.
Hoy he leído un poco de Adam Zagajewsky, su hermoso libro En la belleza ajena. Estoy a punto de terminarlo. He intentado escribir y no he podido. Parece que de nuevo voy cayendo.
V. me manda un bonito mensaje que no he podido contestar, precisamente, por no saber qué contestar:
Tan solo para saber de tí. Has conocido a alguien interesante?
martes, 7 de abril de 2009
la niebla que se disipa
1. Viernes suspendido; después de la comida, ya entrada la noche, L y yo decidimos fugarnos y alargar -ahora sí- un poco más la noche. No más sueños. Bebemos café y nos reímos al recordar al 'gordito' que atendía la cafetería y el cual, simpáticamente, le coqueteaba y que al salir del local le oí llamarme afortunado, pensando un poco, supongo, en la madrugada que se comenzaba a insinuar. Lo soy. En ese momento vienen a mí las frases últimas con las que Hector Manjarrez cierra su diario citadino, El bosque en la ciudad:
2. Ayer (¿o antier?) una foto de Manjarrez en La Jornada, se le ve un poco entrado en kilos, con el rostro un tanto adusto, aún de ser su lector no le conocía el semblante. Recordé las tardes en el piso seis de la torre de humanidades en el CENART; el cursillo de Christopher Domínguez en el que leímos Rainey, el asesino. También recordé mi primer lectura de La maldita pintura la cual me desconcertó. Pero sobre todo recordé ese genial libro suyo que es El bosque en la ciudad el cual apenas unas noches antes, rememoraba con L. Supongo que ese es mi Manjarrez más querido. La breve entrevista en La Jornada fue una extraña continuación a aquella lectura, descubrí por ejemplo, que aquella niña del diario que cuando iba al baño a liberar a Willy tiene ahora, más o menos, mi edad. Al fin de la lectura, no se porque una cierta nostalgia, ¿de qué, de la lectura o del paso de mi tiempo, uno que casi siempre siento estático?
3. Manjarrez, El bosque … y L un triángulo de antes ahora es distinto; he ahí mis nostalgia. Pero toda nostalgia es también el espacio que se abre y deja la luz, (Desear es recordar ese objeto, disparar contra su imagen, dice Paz) esa niebla que hubo entre nosotros, se va disipando. Ahora la luz ya no es pasado, es presente:
Nosotros somos así muchas veces.
¿A donde van con sus pequeñas mochilas? Se ha dicho que la juventud es algo demasiado precioso para desperdiciarlo en los jóvenes. En estos dos ciertamente no se desperdicia ni tantito. Yo fui así muchas veces, creo.Tomamos el café en el carro, L toma mi mano y delicadamente la va durmiendo. Le comento lo escuchado y las frases de Manjarrez, ríe y me aprieta un poco más. Pocas palabras. L me dice que alguna vez, en una circunstancia parecida ya le había compartido aquella frase. Sonrío. La noche sigue, el café las manos y los gestos; afuera la vida pasa, aquí se queda.
2. Ayer (¿o antier?) una foto de Manjarrez en La Jornada, se le ve un poco entrado en kilos, con el rostro un tanto adusto, aún de ser su lector no le conocía el semblante. Recordé las tardes en el piso seis de la torre de humanidades en el CENART; el cursillo de Christopher Domínguez en el que leímos Rainey, el asesino. También recordé mi primer lectura de La maldita pintura la cual me desconcertó. Pero sobre todo recordé ese genial libro suyo que es El bosque en la ciudad el cual apenas unas noches antes, rememoraba con L. Supongo que ese es mi Manjarrez más querido. La breve entrevista en La Jornada fue una extraña continuación a aquella lectura, descubrí por ejemplo, que aquella niña del diario que cuando iba al baño a liberar a Willy tiene ahora, más o menos, mi edad. Al fin de la lectura, no se porque una cierta nostalgia, ¿de qué, de la lectura o del paso de mi tiempo, uno que casi siempre siento estático?
3. Manjarrez, El bosque … y L un triángulo de antes ahora es distinto; he ahí mis nostalgia. Pero toda nostalgia es también el espacio que se abre y deja la luz, (Desear es recordar ese objeto, disparar contra su imagen, dice Paz) esa niebla que hubo entre nosotros, se va disipando. Ahora la luz ya no es pasado, es presente:
Nosotros somos así muchas veces.
martes, 24 de marzo de 2009
la velocidad de la luz
1. La portada -que ilustra tan bien la novela- es concreta; la espalda de Rodney que insinúa una figura que no se deja de mostrar; toda relación ¿no es acaso eso?: el semblante conocido que pensamos cercano y un día como de imprevisto demuestra todo lo ajeno, todo lo extraño que en verdad es; somos sombras -y como toda sombra-inapresables.La espalda, al dar vuelta qué dará, no un rostro pero si una historia, que tal vez, aun de contarla, no se entienda.
2. Como la velocidad de la luz, o incluso un poco más rápido, el domingo por la mañana, después de despertar -y de soñar con L, mi L en fuga- terminé la novela de Javier Cercas. Me encantó. Pase toda la tarde pensando en ese suceso genial que es la amistad y que también, a veces,
perdonen
se padece -ese contar al que se refiere Javier Marías adonde la historias –en este caso de nuestras amistades- no nos dejan y padecemos ("Ojalá nadie nos pidiera nunca nada, ni casi nos preguntara, ningún consejo ni favor ni préstamo...") y después sin olvidarlas, seguimos ya más débiles ; toda amistad es una compenetración de intimidades de la cuales, uno ya no queda nunca indiferente.
3. La tarde paso , también, con el entrecruzamiento de ese sueño extraño con L: ambos en un transporte parecido al metrobus, el cual iba vacío y se conducía sin chofer, ella sentada viendo a la ventana a una ciudad nocturna que no se dejaba de mostrar, yo con una sensación de haber llegado tarde y con un una sensación de imposibilidad al no poder decirle a L, que me apetecía estar un poco más con ella. Eso fue el sueño no más.
Ya en la tarde la muerte de Rodney por ese pasado que no nos deja -"yo ya lo he olvidado, lo que pasa es que eso no me olvida a mí". Despues casi nada, o muy poco.
(Un paréntesis; ahora que escribo pienso que el trayecto del sueño fue muy parecido al trayecto que sucedió cuando L y yo acudimos a la presentación del ‘Diccionario crítico…’ de Christopher Domínguez. Ya de regreso –aun recuerdo- me sentí con la imposibilidad de poder alargar esa tarde-noche después de la presentación, adonde ya no hubo palabras, sino algo más, algo extraño que tanto quise alagar pero no pude, no supe; nunca volví a sentir tan cercana a L desde esa noche en el metrobus. Con razón la sensación en el sueño de ya haberlo vivido.)
3. Apunto de dormir viendo por fin Twin Peaks -que Alf, de nuevo me prestó- sucede el insight siempre con su carga de obviedad al lado; mi historia con L es parecida a la del narrador con Rodney en la novela, y la cual , es tal vez, la síntesis de muchas amistades. Tal vez no:
Una sincronía en un comienzo, luego una retribución de sutiles gestos, luego una correspondencia entrañable ante la incertidumbre de uno, después una distancia, luego cuando el otro necesita tanto como el primero, la sincronía se ha alterado y ya no hay circulo sino, más bien, algo inacabado. Al final un remordimiento y la necesidad de cerrar; en la novela Roadney muere; en mi historia con L antes de la desaparición un prorroga, apenas breve; "siempre queda, un poco más y porque no seguir un minuto, la lanza, un segundo, la fiebre, y otro segundo, el sueño ..." J. Marías de nuevo; aquí -entre nosotros L- aun hay segundos antes del sueño, uno y otro y otro...
4. Ahora, al escribir y pensar, sé como termina mi sueño; antes de que L baje en esa estación que es su destino, le tomo del brazo, voltea, un segundo, no hay palabras porque hay sentimiento, otro segundo, una mirada, un segundo más, un gesto y un detenimiento -el último segundo es todo el tiempo. Despierto. Ahí quedamos y aun estamos; detenidos ...
domingo, 15 de marzo de 2009
pendientes
1. La semana inconclusa tan llena da actos no hechos, de saltos eclipsados, de caídas contenidas. Otra semana más que es tantas semanas. Semana sábado en madrugada que es domingo. Solo en casa, contenido.
2. Esta semana no la vi ni una vez, apenas un mensaje que no contestó. Últimamente su compañía había ocultado, un poco, mi soledad. Compañía que era paliativo y olvido. Ahora sé que nuestro viaje cada vez será más inconcluso; de nuevo el plan que ahoga el salto.
3. Por fin conseguí Synecdoche, New York de Charlie Kaufman -alf me la regalo, aún no la veo. Espero verla con Ella, ver también todas esas películas pospuestas, retener de nuevo el aliento en un gesto de reconocimiento, mientras recuerdo a Joel Barish y aun a Charlie Kaufman -si el de Adaptation. Pensar, mientras veo, en sus otras películas en las tanto me enceutro.
4. Necesito retomar el ensayo del silencio. Escribir, escribir, escribir...
6. "Este es el primer día del resto de mi vida... soy un chiché ambulante"
7. Hace ya tantas noches, mientras hablaba con M -mi unica M, tan mía que no me deja- por msn, al querer escribir 'Fue' escribí 'Fe', así sin pensarlo. No me había dado cuenta hasta que ella lo notó. Ese lapsus escrito me desconcertó; más allá de todo lo que no quiero, voy encontrando lo que necesito, sé que quiero creer, tener Fé, así sin pensarlo.
8. Es sábado y ya es domingo. La semana que no cierra y ya siento perdida.
2. Esta semana no la vi ni una vez, apenas un mensaje que no contestó. Últimamente su compañía había ocultado, un poco, mi soledad. Compañía que era paliativo y olvido. Ahora sé que nuestro viaje cada vez será más inconcluso; de nuevo el plan que ahoga el salto.
3. Por fin conseguí Synecdoche, New York de Charlie Kaufman -alf me la regalo, aún no la veo. Espero verla con Ella, ver también todas esas películas pospuestas, retener de nuevo el aliento en un gesto de reconocimiento, mientras recuerdo a Joel Barish y aun a Charlie Kaufman -si el de Adaptation. Pensar, mientras veo, en sus otras películas en las tanto me enceutro.
4. Necesito retomar el ensayo del silencio. Escribir, escribir, escribir...
6. "Este es el primer día del resto de mi vida... soy un chiché ambulante"
7. Hace ya tantas noches, mientras hablaba con M -mi unica M, tan mía que no me deja- por msn, al querer escribir 'Fue' escribí 'Fe', así sin pensarlo. No me había dado cuenta hasta que ella lo notó. Ese lapsus escrito me desconcertó; más allá de todo lo que no quiero, voy encontrando lo que necesito, sé que quiero creer, tener Fé, así sin pensarlo.
8. Es sábado y ya es domingo. La semana que no cierra y ya siento perdida.
domingo, 1 de marzo de 2009
viernes en domingo
Viernes; mañana de conclusiones. Hace un tiempo ambos quedamos en participar en la convocatoria de la revista Punto de Partida. Pláticas que fraguaron ilusiones de proyectos y escritos. Esta mañana ella ha llevado dos textos; un ensayo y un cuento, he leído ambos, hubo correcciones en el proceso. Se le nota contenta. Yo en cambio no termine nada. Me escudo en la inacción. Elogio de los ingenios estériles dijo Julio Torri. Sí y no; en mí no hay ingenio, más que escritor del No, soy del nunca. Una postergación que de nuevo es la salida más fácil. A Ella la veo aun entusiasmada, la trascendencia no es el resultado sino el hecho de dar pasos. Generar movimiento dice Ella.
Viernes; tarde comida y planes. Con Ella y con Ellos (dos que a veces son uno) voy a la feria de Minería. Antes visitas casi diarias, ahora tan solo esta y sin mucho ímpetu. Lo mismo sucede con el Ficco; pocas películas muchos planes. Antes venía con afán descubridor, era mi contacto más directo no con la literatura sino con el mundo literario, el sueño de alguna vez pertenecer; aun recuerdo la Antigua Capilla a reventar ante el homenaje a Pitol por el Cervantes, aun recuerdo a L. -esa L. que ya no puede ser nombre y pasado común, ahora tal vez es, apenas, algunos gestos- a mi lado haciendo inocentes preguntas. Ayer soñé con ella (jueves). Quizá por eso ya no vengo porque aquellos tiempos de ilusiones fueron un lastre que tanto costo quitar. Quiero creer que cada vez ese pasado es menos sombra y más nube.
Con Ella entro a una charla entre Antonio Ortuño y Nicolás Cabral. A Ella le cae mal Ortuño, se pone de malas incluso. Termina la plática y caminamos y vemos libros. Leemos solapas. Otro motivo más obvio; uno no regresa porque ve todos los libros que pudiera comprar y que en ese ahora se vuelven imposibles de adquirir.
Viernes; noche y café. Caminamos ya de noche en busca de un café. Ellos y Ella ahora conmigo, habitampos un Nosotros. La noche es demasiado fresca después del encierro que siempre es estar en Minería. El café se vuelve la postergación de tan linda tarde. Ya en el café hay plática y una oscuridad de velas que borra los gestos más sutiles. A Ella con las sombras, la veo detenidamente cuando habla de Freud -su pasión manifiesta; su rostro que cobra ligereza y los ojos un brillo, sus frases salen rápidas pero articuladas. Ellos que son dos, a mi lado escuchan y preguntan. Sí, aunque callo me siento contento. Muy contento. Estoy en calles que forjaron mi pasado y siento, por fin, un tibio pero constante presente.
Viernes; más noche y caminando. Ella y yo decidimos regresar caminando desde el centro a su casa. Cuarenta minutos más o menos. Venus y la luna aun se ven en pareja. La caminata va en silencio y en planes de acciones. Ahora no solo siento la movilidad física de caminar sino también la espiritual que siente ganas de saltar de nuevo.
Viernes; tarde comida y planes. Con Ella y con Ellos (dos que a veces son uno) voy a la feria de Minería. Antes visitas casi diarias, ahora tan solo esta y sin mucho ímpetu. Lo mismo sucede con el Ficco; pocas películas muchos planes. Antes venía con afán descubridor, era mi contacto más directo no con la literatura sino con el mundo literario, el sueño de alguna vez pertenecer; aun recuerdo la Antigua Capilla a reventar ante el homenaje a Pitol por el Cervantes, aun recuerdo a L. -esa L. que ya no puede ser nombre y pasado común, ahora tal vez es, apenas, algunos gestos- a mi lado haciendo inocentes preguntas. Ayer soñé con ella (jueves). Quizá por eso ya no vengo porque aquellos tiempos de ilusiones fueron un lastre que tanto costo quitar. Quiero creer que cada vez ese pasado es menos sombra y más nube.
Con Ella entro a una charla entre Antonio Ortuño y Nicolás Cabral. A Ella le cae mal Ortuño, se pone de malas incluso. Termina la plática y caminamos y vemos libros. Leemos solapas. Otro motivo más obvio; uno no regresa porque ve todos los libros que pudiera comprar y que en ese ahora se vuelven imposibles de adquirir.
Viernes; noche y café. Caminamos ya de noche en busca de un café. Ellos y Ella ahora conmigo, habitampos un Nosotros. La noche es demasiado fresca después del encierro que siempre es estar en Minería. El café se vuelve la postergación de tan linda tarde. Ya en el café hay plática y una oscuridad de velas que borra los gestos más sutiles. A Ella con las sombras, la veo detenidamente cuando habla de Freud -su pasión manifiesta; su rostro que cobra ligereza y los ojos un brillo, sus frases salen rápidas pero articuladas. Ellos que son dos, a mi lado escuchan y preguntan. Sí, aunque callo me siento contento. Muy contento. Estoy en calles que forjaron mi pasado y siento, por fin, un tibio pero constante presente.
Viernes; más noche y caminando. Ella y yo decidimos regresar caminando desde el centro a su casa. Cuarenta minutos más o menos. Venus y la luna aun se ven en pareja. La caminata va en silencio y en planes de acciones. Ahora no solo siento la movilidad física de caminar sino también la espiritual que siente ganas de saltar de nuevo.
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