Hace una semana Guadalupe Nettel estuvo en la facultad. Dos mujeres, una vieja y otra joven, hablaban sobre ella sin saber que, solitaria, las escuchaba desde las butacas. Ni antes ni después la salude, apenas e hice un comentario, ridículo, por cierto, como todos los comentarios que se hacen en la conferencias.
lunes, 5 de abril de 2010
lunes, 4 de enero de 2010
flechas
Ayer rumbo al trabajo hojeaba Teoría del infierno y otros ensayos de Salvador Elizondo. Libro que compre hace 2 años creo, por un precio irrisorio en el remate de libros que se hizo en el Auditorio Nacional. Aquel día también fue la última vez que vi a L, supongo que por eso la postergación de la lectura, como si leyendo su último vestigio, ella ahora sí, desaparecería por completo. Uno desea olvidar y ya después se arrepiente.
Mientras escribo recuerdo que en esos días leía también, La mano de la buena fortuna de Goran Petrovic. Y aunque los recuerdos se suceden, los detengo para llegar a lo que quiero escribir, el rodeo que busca decir que ayer, rumbo al trabajo leí, entre otros, el ensayo sobre Tablada y el de Muerte sin fin. De este último queda la imagen de la flecha de Zenón: el cuerpo que mientras surge se deshace; la flecha que en su origen es destino. Justo eso ayer y las cosas que mueren, nosotros entre ellas. Pero hubo algo más, no el movimiento que se agota sino algo anterior a él: "Ese punto es el instante de la ambiguedad total en que se cifra la naturaleza del mundo por el poema que la refleja y la hace visible reproduciendo en su propia forma el destino originario -valga la antítesis- de todas las cosas del mundo." Ayer toda la tarde con eso.
Por la noche R y yo bebimos café mientras esperábamos a que escampara después de la infructuosa búsqueda de algunos libros. Hubo un momento, cuando se quito los lentes, que me surgió una extraña necesidad de ella, en esos momentos lucio distinta, como si su rostro se expandiese concentrándose en sí mismo. Yo la veía mientras ella veía tras la ventana, su mirada cual flecha, apuntaba y se disparaba.
Mientras escribo recuerdo que en esos días leía también, La mano de la buena fortuna de Goran Petrovic. Y aunque los recuerdos se suceden, los detengo para llegar a lo que quiero escribir, el rodeo que busca decir que ayer, rumbo al trabajo leí, entre otros, el ensayo sobre Tablada y el de Muerte sin fin. De este último queda la imagen de la flecha de Zenón: el cuerpo que mientras surge se deshace; la flecha que en su origen es destino. Justo eso ayer y las cosas que mueren, nosotros entre ellas. Pero hubo algo más, no el movimiento que se agota sino algo anterior a él: "Ese punto es el instante de la ambiguedad total en que se cifra la naturaleza del mundo por el poema que la refleja y la hace visible reproduciendo en su propia forma el destino originario -valga la antítesis- de todas las cosas del mundo." Ayer toda la tarde con eso.
Por la noche R y yo bebimos café mientras esperábamos a que escampara después de la infructuosa búsqueda de algunos libros. Hubo un momento, cuando se quito los lentes, que me surgió una extraña necesidad de ella, en esos momentos lucio distinta, como si su rostro se expandiese concentrándose en sí mismo. Yo la veía mientras ella veía tras la ventana, su mirada cual flecha, apuntaba y se disparaba.
martes, 27 de octubre de 2009
mañanas
Por la mañana, tras la ventana, la ciudad gris y el frío que invita a no salir; las cobijas que abrazan y la cama que sostiene; el café que uno deseara se preparara solo y llegara hasta la cama; los brazos que uno deseara lo retuvieran y así lo contuvieran... eso deseaba en la mañana mientras pensaba como distribuir las tareas que, obviamente acumuladas -fin de semestre, exámenes de ingles, proyectos para UNIVERSUM bla, bla, bla- parecen retenerme. Tal vez por eso, o tal vez aunado a eso, decidí no ir a la universidad, ahora que los tiempos apremian, decidí darme de baja una mañana al menos, viré la rutina. Me quedé despierto oyendo llover, conteniendo las ganas terribles de ir al baño. Ya después, preparé café y subí a la azotea para ser testigo del movimiento que no me contenía, tras la ventana la ciudad que se insinuaba bajo un amarillo grisáceo. Lavé un poco de ropa, me puse a escribir los trabajos pendientes, desayuné.
La mañana sucedió con una quietud vivificante, como para recordarme que la vida sigue su propio curso, y la arrogante velocidad que le añadimos es un atributo de mal gusto. Después de la mañana el trabajo y el idioma fueron más ligeros.
La mañana sucedió con una quietud vivificante, como para recordarme que la vida sigue su propio curso, y la arrogante velocidad que le añadimos es un atributo de mal gusto. Después de la mañana el trabajo y el idioma fueron más ligeros.
lunes, 28 de septiembre de 2009
domingo, 13 de septiembre de 2009
"la vida es energía"
Hace once minutos comenzó el día; de pequeño no podía concebir que un día comenzara en la oscuridad.
Es de madrugada y hoy no llueve. Extraño el ceseo de lluvia, callada por uniforme, golpeando cada centímetro del domo de la casa. El viernes desperté con una ligera lluvia, adosada por un gris intenso, pesado. Esa mañana una soledad de "sabanas sucias", tristemente, sucias solo de mí.
Hoy, en el UNIVERSUM, un niño de 5 años. Llamemosle Sebastián, quien, ante la pregunta, "¿Qué es la energía?", responde, con un titubeo inicial que después desaparece: "la energía es la vida".
Que es el consuelo sino un soporte, algo que mientras todo cae, bien te aferras y te sostiene. Ayer, mi consuelo que momentaneamente desaparecerá para ser más ella misma. Ante la notica, esa inexplicable sensación de la inmensa felicidad acompasada de una ligera, pero profunda tristeza.
En medio, como dice Wendy Gerra, todos se van.
La vida es energía. Hoy mi energía potencial fue cinética; una larga caminata aunada a una conversación que se prolongo por Metros y paradas. Una I, que aparece como sutil ventana, una ventana que deja entrever tanto. Aún pienso en la tarde, y en la energía; eso que a veces mi vida también, es.
Es de madrugada y hoy no llueve. Extraño el ceseo de lluvia, callada por uniforme, golpeando cada centímetro del domo de la casa. El viernes desperté con una ligera lluvia, adosada por un gris intenso, pesado. Esa mañana una soledad de "sabanas sucias", tristemente, sucias solo de mí.
Hoy, en el UNIVERSUM, un niño de 5 años. Llamemosle Sebastián, quien, ante la pregunta, "¿Qué es la energía?", responde, con un titubeo inicial que después desaparece: "la energía es la vida".
Que es el consuelo sino un soporte, algo que mientras todo cae, bien te aferras y te sostiene. Ayer, mi consuelo que momentaneamente desaparecerá para ser más ella misma. Ante la notica, esa inexplicable sensación de la inmensa felicidad acompasada de una ligera, pero profunda tristeza.
En medio, como dice Wendy Gerra, todos se van.
La vida es energía. Hoy mi energía potencial fue cinética; una larga caminata aunada a una conversación que se prolongo por Metros y paradas. Una I, que aparece como sutil ventana, una ventana que deja entrever tanto. Aún pienso en la tarde, y en la energía; eso que a veces mi vida también, es.
domingo, 23 de agosto de 2009
impactos que no se llenan
Hace ya dos semanas que estoy en el Espacio Infantil de Universum, ¿trabajo? no sé, pero a veces me divierto. A veces viajamos a la luna con cascos y todo, también, buscamos y encontramos los parásitos más comunes que encontramos en casa. A veces salimos al jardín a buscar insectos, liberar mariposas.
Antier encontré en la biblioteca del Espacio: Efraín Huerta para niños el libro está ilustrado por dibujos hechos por niños. Efraín, nació también un 18 de junio pero de 1914...
Ayer, una pregunta que desconcertó, su voz, la de ella diciendo: ¿eres reflexivo verdad? primero un titubeo, la palabra que casi no me gusta musité. Sonrió. Ya después hablamos un poco entorno al constante pensamiento que a veces limita el salto o el cauce; le conté la vez que enclipsado en un extraño dialogo interior choqué con los torniquetes del metro. Al final surgió un recuerdo entorno a un video de Francis Alÿs, ese que se llame If you are a typical spectator, that you really doing i whaithing for the accident to happen ese en donde Alÿs fue envestido por un automovil. Nada grave.
Me da miedo pensar que siempre seré un testigo, aislarme de la realidad y recapacitar cuando sea ya muy tarde. A veces son los autos, a veces no hay impactos, tan sólo una oquedad que no se llena.
Antier encontré en la biblioteca del Espacio: Efraín Huerta para niños el libro está ilustrado por dibujos hechos por niños. Efraín, nació también un 18 de junio pero de 1914...
Ayer, una pregunta que desconcertó, su voz, la de ella diciendo: ¿eres reflexivo verdad? primero un titubeo, la palabra que casi no me gusta musité. Sonrió. Ya después hablamos un poco entorno al constante pensamiento que a veces limita el salto o el cauce; le conté la vez que enclipsado en un extraño dialogo interior choqué con los torniquetes del metro. Al final surgió un recuerdo entorno a un video de Francis Alÿs, ese que se llame If you are a typical spectator, that you really doing i whaithing for the accident to happen ese en donde Alÿs fue envestido por un automovil. Nada grave.
Me da miedo pensar que siempre seré un testigo, aislarme de la realidad y recapacitar cuando sea ya muy tarde. A veces son los autos, a veces no hay impactos, tan sólo una oquedad que no se llena.
domingo, 2 de agosto de 2009
la luna como ninguna
Justo en la parte superior de mi ventana, las últimas noches la luna se ha puesto a mirarme. Aparece puntual y se queda allí velando, susurrando nubes moradas. Cada noche lamento su elección. A veces quisiera ser un poco más interesante para ella, mostrarle noches épicas llenas de vida, de empeños, de otros; así, para que no se aburra, para que no me deje. A veces con pena le obstruyo la mirada, dispongo las cortinas y enciendo la luz de la habitación, así, imagino, verá tan sólo su retrato callado,constante. Si leo, enciendo mi lampara de escritorio y repliego las cortinas, dejándole libre de intermediarios para mirarme, le veo de reojo cada que cambio de pagina o le doy un pequeño sorbo al café o al té. A veces sin lecturas nos dejamos mirar. Cuando gana la vergüenza o la pereza -esa que me gana tanto últimamente- dejo las cortinas extendidas buscando cubrir tan sinuosa mirada, además enciendo el televisor para olvidar tan constante presencia, no obstante en la madrugada, a tientas, recorro un poco la cortina para ver si aún, impasible, me vela.
Ayer comprendí tan cotidianas visitas mientras por el messenger revisaba mi correo, pues encontré una nota en el mail de L, la cual decía: la luna como ninguna; la luna que me deja en cada mirada, los rostros de esos otros -míos-, que en otros cuartos, en otros paises y en otros mundos, tambien descansan. La luna que mira no para contemplarme sino para dejarme en cada velada el gesto nocturno de aquellos a quien quiero, recordandome que aunque en otro lado, también descansan.
Ya no recorro las cortinas, dejo que la noche suceda ante esos ojos que no ven pero sienten, y me abrazan, me arropan.
Ayer comprendí tan cotidianas visitas mientras por el messenger revisaba mi correo, pues encontré una nota en el mail de L, la cual decía: la luna como ninguna; la luna que me deja en cada mirada, los rostros de esos otros -míos-, que en otros cuartos, en otros paises y en otros mundos, tambien descansan. La luna que mira no para contemplarme sino para dejarme en cada velada el gesto nocturno de aquellos a quien quiero, recordandome que aunque en otro lado, también descansan.
Ya no recorro las cortinas, dejo que la noche suceda ante esos ojos que no ven pero sienten, y me abrazan, me arropan.
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